La cerveza existía mucho antes de que las cervecerías adquirieran el gusto por el lúpulo. La precursora de lo que hoy conocemos como cerveza se llamaba Grutbier y se aromatizaba no con conos aromáticos, sino con una combinación de diversas hierbas. Cada cervecería tenía su propia mezcla de hierbas, que solía incluir milenrama, romero, enebro, brezo, valeriana o artemisa. La cerveza de alta fermentación se fermentaba espontáneamente con levaduras silvestres y, según la receta, tenía un sabor herbáceo, floral, resinoso o terroso. La malta suave redondeaba el aroma. En Baviera, la introducción de la Ley de Pureza Bávara en 1516 puso fin a la Grutbier, pero el siglo XVI también marcó el fin de este estilo en otras regiones de Alemania.
Quinientos años después, las cervecerías artesanales están revitalizando muchos estilos cerveceros anticuados, y la cerveza grut se encuentra entre los que han revivido. Una versión particularmente deliciosa proviene de la cervecería hanseática Barbarossa I Am: Su cerveza grut se llama The Brewer y está aromatizada con artemisa, brezo, lavanda y milenrama. El envejecimiento en barricas de jerez le da un toque moderno.
The Brewer tiene el color del café recién hecho y combina hierbas especiadas con toques florales y una suave dulzura de malta. El jerez aporta matices amaderados, notas afrutadas de uva y una calidez ardiente.
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